sábado, 5 de marzo de 2011

Día CXXXVII

Son las diez de la mañana de este sábado cinco de marzo cuando comienzo a escribir el Blog. Afuera, el cielo se muestra totalmente despejado, y aunque a estas horas la temperatura no supera los ocho grados, parece lógico pensar que vaya subiendo a media que transcurran las horas. Así que hoy es más que probable que podamos volver a darnos un buen paseo antes de la comida.

Anoche tal y como ya os había comentado, después de cenar, nos pusimos a ver una película. Elegimos La Red Social, que como sabéis va sobre cómo Mark Zuckerberg, un alumno de Harvard y un auténtico genio de la programación, desarrolla Facebook, esa aplicación que ahora mismo utilizamos más de quinientos millones de personas en todo el mundo. Una aplicación valorada para algunos en más de 15 mil millones de dólares, aunque existen estimaciones que cuadriplican esa cifra. Reconozco que siempre me ha asombrado la facilidad, o aparente facilidad, con la que algunos son capaces de valorar algo en definitiva tan etéreo. ¿Vale tanto Facebook? Está claro que las redes sociales, y en especial Facebook han cambiado nuestro mundo, pero, ¿podría estar sujeto su descomunal éxito a una moda pasajera? ¿Son reales y sólidos esos 15 mil millones de dólares? ¿Cuánto podría valer en un año? Por lo que se refiere a la película en sí misma, tengo que decir que me esperaba algo más después de toda la expectación que había despertado. Está bien, muy entretenida –las dos horas de duración apenas se resienten- pero tampoco me parece que sea la obra maestra que algunos han señalado. Pero bueno, supongo que por eso yo no soy crítico de cine y ellos sí.

Todavía tuve tiempo después de la película de leer un rato y seguir así con las aventuras –más bien desventuras- de mi amigo, el Capitán Simonini, que no ceja en su empeño de sacar partido económico de sus inventadas conspiraciones judeomasónicas a finales del siglo XIX. Parece increíble cómo hace apenas un siglo, la ausencia total de información contrastada, algo imposible hoy en día -y menos con Facebook de por medio-, hacía que cualquier panfleto escrito por un demente pudiera adquirir tintes de verdad suprema. Para reafirmar la identidad de un país era necesario siempre crear un enemigo, y mucho mejor si éste era visible, si convivía en ese país, si era alguien que cualquiera pudiera tener como vecino de puerta. Y de esta forma Simonini utiliza a los judíos para sus fines maquiavélicos. En realidad lo que hace es sacar partido económico de los miedos de algunos sectores de la sociedad que identificaban a los judíos como ese enemigo en casa. No hace falta que recuerde cómo acabó ese sentimiento antijudío algunas décadas después.

Y mientras escucho un poco de Craig David, un cantante de Rhythm and Blues, me relajo pensando en lo bien que se siente uno con dos días por delante sin necesidad de no hacer nada que no sea lo que en cada momento apetezca hacer. Para esta tarde imagino que algo de fútbol en la tele caerá, pero tampoco es seguro. Sobre la marcha decidiremos. Igual me apetece más seguir con nuestras partidas al Parchís, donde esta semana llevo ventaja. Hay que aprovechar, que ultimamente se me está dando bastante mejor el cubilete.

De momento, queda toda la mañana por delante, y viendo el sol que sigue luciendo sin una sola nube en el cielo, no será plan de desperdiciarla metido en casa. Que tengáis todos un buen fin de semana… ”y mañana más”.

1 comentario:

  1. Da gusto ver este sol que brilla después de tantos días de oscuridad!
    Aprovecha tu racha de parchís cariño, que no sabemos cuándo puede volver a pasar!

    Miles de besos

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